A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el reloj de bolsillo se consolidó como símbolo de distinción, puntualidad y estatus social. Su elegante silueta trascendió la función utilitaria e inspiró la creación de objetos ornamentales para escritorios y bibliotecas, integrándose al universo decorativo burgués de la época.
La cerámica Satsuma alcanzó gran prestigio durante el período Meiji (1868–1912) y en las décadas posteriores, especialmente por su producción destinada a la exportación hacia Occidente. Entre sus técnicas más valoradas se encuentra el moriage, caracterizado por la aplicación de esmaltes en relieve que aportan textura, volumen y un efecto ornamental de gran riqueza visual.
La colección Vida Silvestre Grande de De Rosa Rinconada es una de las líneas más reconocidas de la cerámica artística uruguaya. Fundado en Montevideo en 1945 por los hermanos De Rosa, este taller alcanzó proyección internacional gracias a su inconfundible estilo artesanal: piezas modeladas y talladas a mano, decoradas con esmaltes vítreos intensos y realzadas con delicados toques de oro y platino.
Las esculturas de fauna ocuparon un lugar destacado en la tradición decorativa alemana del siglo XX, especialmente aquellas que representaban aves rapaces, símbolo de fuerza, poder y majestuosidad. Estas piezas buscaban capturar el movimiento y la energía del instante, combinando virtuosismo técnico con una presencia imponente.
La loza azul y blanca de Delft, originaria de los Países Bajos, se convirtió desde el siglo XVII en uno de los estilos cerámicos más reconocibles de Europa. Inspirada en la porcelana oriental, su característico azul cobalto sobre fondo blanco dio vida a escenas cotidianas, paisajes y motivos arquitectónicos que hoy son emblema de la tradición holandesa.
Durante la Belle Époque, el consumo de ostras alcanzó un notable auge en los banquetes europeos y norteamericanos, convirtiéndose en símbolo de refinamiento y sofisticación. En ese contexto, la porcelana de Limoges se consolidó como referente mundial en vajillas de lujo destinadas tanto al mercado francés como a la exportación.
Las escenas costumbristas en porcelana gozaron de gran popularidad entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX, especialmente en talleres de Austria, Alemania y Bohemia, donde el gusto por la representación de la vida rural se tradujo en piezas decorativas de notable calidad escultórica y narrativa.
Las representaciones de gallos enfrentados han sido, desde el siglo XIX, un motivo recurrente en la escultura decorativa europea y americana, simbolizando fuerza, valentía y dominio territorial. El gallo, animal jerárquico por naturaleza, desafía a sus pares para establecer liderazgo dentro del gallinero, y esa tensión previa al combate ha inspirado numerosas obras de carácter dinámico y expresivo.
El juego del sapo es una de las tradiciones lúdicas más emblemáticas de Sudamérica, practicado durante siglos en Perú, Bolivia, Argentina y Uruguay. Este antiguo juego de puntería consistía en lanzar fichas o monedas intentando introducirlas en la boca del sapo, símbolo de fortuna y destreza. Existen diversas teorías sobre su origen: una lo vincula a una leyenda incaica según la cual los sapos poseían poderes mágicos y, al ingerir piezas de oro arrojadas en lagos sagrados, concedían deseos; otra lo relaciona con juegos de puntería traídos por los españoles durante la colonia, que con el tiempo adoptaron formas y simbología propias del continente. A lo largo del siglo XIX se consolidó como entretenimiento habitual en fondas, ferias y reuniones familiares, tanto en ámbitos rurales como urbanos.
Estas botellas con sistema de cierre de seguridad fueron especialmente populares entre fines del siglo XIX y primeras décadas del XX en hogares aristocráticos, clubes privados y bares selectos. Su función era clara: resguardar bebidas finas —principalmente whisky y licores importados— evitando manipulaciones indebidas o el consumo no autorizado por parte del servicio doméstico o de menores. El ingenioso sistema metálico con bisagra y traba permitía colocar un pequeño candado, asegurando así el contenido.
Estas copas de cristal coloreado evocan el refinamiento de la cristalería europea de mediados del siglo XX, cuando el uso de tonos vivos y transparencias sutiles aportaba distinción a las mesas de celebración. Su diseño elegante las hace ideales tanto para vino como para cócteles o champagne.
Estas copas de cristal verde fueron populares a mediados del siglo XX, cuando el vidrio coloreado se convirtió en un símbolo de elegancia y sofisticación en las mesas europeas. Eran utilizadas tanto para vinos dulces como para licores, aportando un toque de distinción en reuniones y celebraciones.
Juego de 4 cucharitas de postre de origen inglés, fabricadas por la reconocida firma Elkington & Co., pionera en el desarrollo del baño de plata electroplated en el siglo XIX.
Este pequeño florero fue realizado con la tradicional técnica del cloisonné, una forma de esmaltado sobre metal desarrollada en China desde la dinastía Ming y apreciada por su minuciosidad decorativa. Las líneas metálicas dividen los esmaltes de colores que, al fundirse, crean un relieve fino y brillante.
Pieza decorativa de origen chino concebida como indicador doméstico de temblores, en un contexto histórico marcado por la constante amenaza de terremotos en China.
Estas esculturas en mármol blanco eran frecuentes en residencias distinguidas de fines del siglo XIX y comienzos del XX, utilizadas como piezas ornamentales que destacaban el linaje y el gusto refinado de la familia. Este busto representa a una joven con capelina, concebida con un gesto sereno y delicado.