Cuchara Reed & Barton Hotel Sheraton, ca. 1937.
UYU$ 500,00Esta cuchara fue fabricada por la prestigiosa firma estadounidense Reed & Barton, reconocida por su excelencia en platería desde el siglo XIX.
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Esta cuchara fue fabricada por la prestigiosa firma estadounidense Reed & Barton, reconocida por su excelencia en platería desde el siglo XIX.


Este pequeño florero fue realizado con la tradicional técnica del cloisonné, una forma de esmaltado sobre metal desarrollada en China desde la dinastía Ming y apreciada por su minuciosidad decorativa. Las líneas metálicas dividen los esmaltes de colores que, al fundirse, crean un relieve fino y brillante.


Fuente de gran tamaño realizada en vidrio prensado con óxido de uranio, que le confiere el característico tono verde-amarillento y su intensa fluorescencia bajo luz ultravioleta. Data de la primera mitad del siglo XX y presenta un delicado diseño en relieve con hojas estilizadas que decoran tanto el fondo como los laterales.


Antigua copa de postre realizada en vidrio prensado con contenido de óxido de uranio, lo que les otorga el característico tono amarillo-verdoso y la intensa fluorescencia verde bajo luz ultravioleta. Este tipo de cristalería, popular entre fines del siglo XIX y mediados del XX, era muy utilizada en servicios de mesa y hoy es altamente coleccionable por el efecto lumínico que presenta.


Conjunto compuesto por una fuente grande y seis compoteras realizadas en vidrio de uranio prensado por Cristalerías del Uruguay. El diseño presenta decoración geométrica en relieve con motivos radiales que se proyectan desde el centro, aportando textura y brillo.


Plato grande de la histórica cristalería Vallerysthal, manufactura francesa fundada en el siglo XIX. Realizado en vidrio de uranio prensado, muestra un diseño circular con bordes lobulados y estrella central en relieve.
Pieza decorativa de origen chino concebida como indicador doméstico de temblores, en un contexto histórico marcado por la constante amenaza de terremotos en China.

Este tipo de floreros en mayólica o faience fueron muy populares en Europa entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, cuando el estilo art nouveau llenó las casas burguesas de formas orgánicas, mujeres etéreas y grandes flores estilizadas. Además de cumplir su función como florero, se lucían como verdaderas esculturas decorativas sobre chimeneas, aparadores y mesas auxiliares.


Estas esculturas en mármol blanco eran frecuentes en residencias distinguidas de fines del siglo XIX y comienzos del XX, utilizadas como piezas ornamentales que destacaban el linaje y el gusto refinado de la familia. Este busto representa a una joven con capelina, concebida con un gesto sereno y delicado.


Estas piezas decorativas comenzaron a difundirse en Occidente a finales del siglo XIX, cuando la imaginería oriental —especialmente las representaciones de deidades y guardianes— se volvió muy apreciada por su simbolismo y minucioso trabajo artesanal. Eran utilizadas tanto como objetos devocionales como elementos de prestigio dentro del hogar.


Estos elegantes floreros de bronce presentan un minucioso trabajo artesanal de repujado y grabado a mano, técnica tradicional que resalta motivos florales y geométricos con gran detalle.


Estos zancos, conocidos como kabkabs, eran tradicionales en los baños turcos del Imperio Otomano. Su función principal era evitar que los pies de las mujeres tocaran el suelo mojado, pero también servían como símbolo de estatus y elegancia.


Espectacular centro de mesa en cristal francés firmado Daum, perteneciente a la célebre Escuela de Nancy.


Los potiches orientales son piezas tradicionales de la cerámica china, utilizadas antiguamente para guardar té, especias o como objetos de altar, y hoy muy apreciadas por su valor decorativo y artístico.
Espectacular jarra decorativa con figura de monje, realizada en mayólica francesa por la reconocida fábrica Frie Onnaing, activa entre 1880 y 1900. Esta manufactura fue célebre por sus piezas humorísticas y de carácter popular, de gran calidad técnica y artística, muy apreciadas por coleccionistas europeos.

Este gorro histórico pertenece a la época dorada del Gran Hotel de los Pocitos, uno de los emblemas del turismo montevideano de comienzos del siglo XX. En aquellos años, la playa de Pocitos era punto de encuentro de la alta sociedad y símbolo del auge balneario del país.
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